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Entrenamiento de la resistencia en los niños

 

Introducción

Las investigaciones respecto al desarrollo de la capacidad de resistencia infantil anteriores a 1975 realizados por Hollman (1973), Fomin-Filin y otros (1975), partían de la base de no ejercitar la resistencia aeróbica hasta la edad de 10 años.

A partir de 1978 aproximadamente (hollman y otros 1978) demostraron que una adecuada ejercitación a partir de los 8 años estimulaba la hipertrofia del músculo cardíaco lo que permite incrementar su capacidad (Hollman y otros, 1978).

Keul (1982) afirma que la capacidad aeróbica del niño puede incrementar en un 50% mediante una ejercitación óptima en grupos de entrenamiento sistemático.

Martin (1982) realiza un estudio favorable a la ejercitación de la resistencia aeróbica en edades tempranas, ya que existe una relación positiva entre el tamaño y el peso del joven frente al trabajo implicado en los recorridos y desplazamientos en relación al volumen máximo de oxígeno consumido por kilogramo de peso corporal.

Otro autor, Kindermann (1978) constata en este sentido, que los niños son aptos para el trabajo de resistencia, siendo capaces de mantener una intensidad elevada durante un tiempo de trabajo prolongado sin sufrir trastornos negativos.

LA RESISTENCIA Y LA EDAD

La ejercitación de la resistencia la podemos empezar a trabajar a partir de los 8 años, siempre y cuando se fomenten tareas para su desarrollo de forma aeróbica general y que implique una carga de los grandes grupos musculares como: juegos de carrera, nadar, montar en bicicleta, recorridos, circuitos, entre otros, la carga de trabajo debe ser de forma continua y no menos de 3 minutos se aconseja  una duración superior de 5-7 minutos pero a una intensidad del 50 al 70% de la capacidad máxima aeróbica. Es importante en estas edades y en la siguiente etapa no hablar de distancias a recorrer ya que la motivación por competir altera las intensidades de trabajo.

Cabe señalar que en estas edades, el metabolismo aeróbico se utiliza más tarde, de forma que el umbral anaeróbico queda desplazado y solo sobrepasado en una fase de esfuerzo muy elevado, llegado a este punto el propio jugador regulará por sí mismo éste momento, bajando el ritmo de trabajo.

Durante la etapa comprendida entre los 10 y 12 años hay un crecimiento mantenido de la capacidad de resistir esfuerzos continuos de baja intensidad, ya que los controles cardiovasculares indican que ha esta edad pueden afrontar con comodidad esfuerzos aeróbicos, aunque éstos tengan que ser atendidos con una frecuencia cardiaca alta.

Esta circunstancia puede explicarse por el grado de desarrollo del sistema cardiorrespiratorio en relación con el peso corporal. Recordemos que, mientras a los 6 años el corazón humano pesa 4-5 veces más que el del recién nacido, a los 10 años pesa ya 8 veces más, para llegar a 10-12 veces más a los 18 años en el que alcanza la madurez fisiológica total.

En cambio, la pulsación alta se explica porque, además de tener el corazón más pequeño, el desarrollo de la aorta y la red capilar periférica es algo más lento que el del órgano cardíaco a estas edades, aunque por otro lado, algunos investigadores han encontrado que el metabolismo aeróbico es en niños de 8 a 12 años, es superior en algunos aspectos al de los adultos.

A partir de los 13-14 años se abre un paréntesis de mejora de esta capacidad, en opinión de la mayoría de investigadores y en base a los controles cardiovasculares usuales acusan valores de estabilización e incluso de retroceso para resistir esfuerzos continuados respecto a la etapa anterior. Este fenómeno de “fatiga fisiológica” coincide con el período de la máxima aceleración de la madurez sexual.

Antes de la pubertad, según Ästrand el consumo máximo de oxígeno no es significativamente diferente entre chicos y chicas de la misma edad y de igual peso corporal, aunque en la pubertad es más elevado entre las chicas, lo que explica que ellas apelen más rápidamente al sistema anaeróbico-láctico (recordemos que cuando el sistema aeróbico está insuficientemente desarrollado, el organismo recurre al sistema anaeróbico).

Superada la anterior etapa, la capacidad de resistencia aeróbica aumenta progresivamente y de manera notable desde los 15 años hasta los 17 años, para acceder al 90% del total fisiológico al final de esta etapa. Estudios realizados por Reindell y colaboradores ratifican que la madurez funcional cardiaca no se manifiesta a su máximo nivel hasta los 19 años o más. Algunos autores manifiestan que el aumento de los niveles de testosterona en sangre entre los 15 y 17 años trae consigo una inducción enzimática que mejora la capacidad para esfuerzos de tipo anaeróbico, es decir, que a partir de esta edad, podemos introducir entrenamientos de tipo anaeróbico, teniendo muy presente que esta capacidad es muy inferior a la de los adultos.

Para finalizar esta primera parte, recordaremos la experiencia realizada por Ästrand a dos gemelos univitelinos de esta edad, sometiendo a uno de ellos a un entrenamiento predominantemente anaeróbico y al otro, aeróbico. Al final del experimento, a los 21 años de edad, el primero que ofrecía una mayor capacidad de rendimiento hasta ese momento, se estancó, a favor del segundo, que supero al primero tanto en la capacidad de resistencia aeróbica como anaeróbica.

Medios para el desarrollo de la resistencia en edades tempranas

Entre los 10 y 12 años podemos empezar a desarrollar la resistencia aeróbica mediante la carrera continua cómoda, juegos de intensidad baja y de duración prolongada, ejercicios con balón como conducción, pase que permitan el desarrollo de la resistencia a modo de circuitos y recorridos pero siempre respetando el tiempo de duración y la intensidad, ya que las modificaciones fisiológicas que se producen en esta etapa lo permiten.

Lógicamente, recurriremos a la resistencia aeróbica, por tratarse de un gasto metabólico bajo y en base a una mejora de la educación mecánica del sistema porta-oxígeno.

Para muchos entrenadores, la carrera a ritmo lento y uniforme es el principal medio de acondicionamiento orgánico para jóvenes jugadores, autores especializados como el ruso Makarow y el alemán Reis también han expresado sus experiencias en este sentido. Trabajar de forma continua entre 3 y 10 minutos o en fracciones de tiempo (por ejemplo: 2 series de 3 minutos) sin sobrepasar los 20 minutos en total programando dos sesiones (no continuas) a la semana es suficiente para desarrollar esta capacidad en esta etapa.

En realidad, los niños podrían estar corriendo durante períodos de tiempo más largos que los citados, pero también debemos preocuparnos las limitaciones de índole estructural (resistencia de las articulaciones y tendones aún no desarrollados) por ello, las superficies de trabajo deberían ser blandas como la hierba, tierra, arena.

Otro factor a tener en cuenta en esta etapa es la monotonía, cambiar de escenarios, agrupar en pequeños grupos a los jugadores de parecida capacidad e introducir material alternativo, son formas metodológicas de trabajo que contribuyen de buen grado a que los jugadores no se dispersen.

Una vez empezado el trabajo, se  debe estar atentos a los signos externos de fatiga como son: la palidez o sofocación, respiración entrecortada, son signos de cansancio y si fuera necesario se deberá interrumpir el ejercicio. La frecuencia cardiaca F.C.  Nos debe servir como medio de control de recuperación, es un buen momento para enseñar a los jugadores a tomársela como una tarea más del entrenamiento.

Como se mencionó en la primera parte de este artículo, la etapa entre los 13 -14 años es un período crítico para los jugadores de esta edad, ya que no solamente no mejoran su progresión de resistencia sino que incluso la pueden empeorar, aún entrenándola sistemáticamente.

No obstante, y a modo de tener una visión más amplia de diversos trabajos realizados en otros deportes, se realizó una experiencia en deportistas iniciados en la práctica sistemática en el entrenamiento de resistencia y con la condición de una progresión muy cuidada en las distancias a recorrer, se llegó a la conclusión de que en está franja de edad podían llegar a recorrer 15-16 kilómetros semanales sin ningún tipo de perjuicio fisiológico (Filin, Gorschkow y Tolkatschew).

En esta etapa continuaremos con el mismo tipo de trabajo, la carrera continua o en fracciones de tiempo, aumentando hasta los 30-35 minutos de trabajo total y programando dos o tres sesiones semanales para dicha ejercitación. Al principio de la temporada como base fundamental trabajaremos con el sistema de carrera continua, e iremos introduciendo y/o combinando el interval training a lo largo de la temporada sobre distancias de 80 a 120 metros pero siempre bajo la vigilancia del control de la frecuencia cardiaca.

Para huir de la monotonía que supone el interval training, deberíamos realizarlo de forma cambiante y progresiva, con imaginación, aunque respetando la mecánica del mismo, por ejemplo: conduciendo de diversas formas el balón, realizando diversos tipos de pases entre compañeros, relevos en forma jugada, circuitos y recorridos más complejos y cambiantes que en la etapa anterior….

El medio de control durante los entrenamientos más sencillo y fácil de aplicar es el control de la frecuencia cardiaca, pero debemos contemplar una clara diferencia en esta etapa. Se viene estimando que el umbral superior del esfuerzo aeróbico de la carrera continua se sitúa en torno a las 150 pul. /min. En deportistas de cierto nivel, pero lo cierto es que los adolescentes pueden mantener un esfuerzo seguido durante un largo período de tiempo sin señal de intolerancia a pesar de unas pulsaciones cercanas a las 170 pul./mi. (Pirnay, 1972).

En efecto, unas pulsaciones de 140-150 pul./min. En estas edades se dan en ejercicios tan simples como marchar, o ponerse a calentar. En este punto conviene recordar que la frecuencia cardiaca en reposo de un recién nacido es de 140 pul./mi, de 100 pul./min. A los 3-4 años, de 90 pul./min. A los 10 años, de 80 pul./min. A los 15 años y de 70 pul./min. En adultos, bajando de forma considerable estos datos en deportistas que sistemáticamente entrenan. El umbral de entrenamiento de esta capacidad entre un joven y un adulto oscila entre un 10-15% mayor en los primeros respecto a los segundos, es decir, 150 pul./min. En adultos es igual a 165-170 pul./min. En jóvenes, incluso en mujeres se le podían añadir 10 pul. /min. Más (Ästrand).

Otro medio de control (entre otros) que podemos aplicar durante la temporada (realizándolo 3 veces o más), es el test de Cooper (carrera durante 12′ mi. en la cual se miden los metros recorridos), sirva este control, tanto para ésta franja de edad, como para la anterior y posteriores.

No podemos dejar el tiempo de recuperación a un lado, si a finales de la década de los cincuenta, los trabajos de Reindell y Gerschler situaban por norma a los deportistas adultos de cierto nivel el tiempo de recuperación en las 120 pul./mi. Al inicio del esfuerzo y a 170 pul./mi. como máximo al terminar el esfuerzo, en jóvenes no sucede así por las razones anteriores, pudiendo establecer el tiempo de recuperación en esta etapa entre las 130-140 pul./mi. , ya que al terminar el esfuerzo seguramente habrán superado las 180-190 pul./min., si observamos la diferencia entre las pulsaciones de salida y las pulsaciones finales, tanto para adultos como para jóvenes es de 50 pul./mi., incluso ser ligeramente favorables para los segundos. Manod y Pottier (1967), concluyen un estudio en el que para el desarrollo óptimo de la resistencia aeróbica en chicos de esta edad, el umbral se sitúa por encima de las 170 pul./mi. Mientras que las pulsaciones de salida se sitúan entre las 130-140 pul./mi.

Como apunte final en esta etapa podemos decir, que un trabajo anaeróbico específico es desaconsejado, incluso perjudicial para el futuro jugador.

A partir de los 15 años se pueden incorporar algunos trabajos de tipo anaeróbico, de una forma estructurada, progresiva y sistemática, para entrar de lleno a los 17-18 años en entrenamientos anaeróbicos estandarizados.

En esta etapa, de 15 a 18 años, se incorpora el fartlek (aeróbico-anaeróbico), prevaleciendo en el inicio de la temporada la carrera continua, transfiriéndola al interval training e iniciando el fartlek y/o combinaciones de los tres sistemas a medida que avanza la temporada. No debemos perder de vista que el volumen de trabajo aeróbico debe ser significativamente mayor que el anaeróbico. En esta franja de edad debemos incorporar 3 ó 4 sesiones semanales al entrenamiento de la resistencia aeróbica, las cuales pueden realizarse por ejemplo: trabajando puramente la mecánica del sistema utilizado o por medio de recorridos, circuitos, con balón, incluyendo acciones técnicas, aplicando acciones tácticas…sin dejar de lado el mecanismo del sistema de entrenamiento utilizado.

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